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El saber ocupa lugar, al menos en las ciudades. Quizás por ello, sólo una de cada cinco universidades españolas está plenamente integrada en el tejido urbano, mientras que el 80% ha sido relegado a la periferia o apartado de la metrópoli. El único estudio existente sobre la situación urbanística de los recintos universitarios pone de manifiesto un desarrollo y crecimiento incoherente a lo largo de la Historia y la ausencia de una planificación general. |
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Pocas veces se ha intentado imitar el modelo de Salamanca, Alcalá de Henares, Valladolid o Santiago de Compostela... Universidades integradas en la ciudad. Edificaciones docentes con un peso definitivo en la urbe que, a su vez, se ve revitalizada de manera continuada por la vida universitaria.
Y es que la Universidad española, abandonando los tipos arquitectónicos medievales, ha ido adoptando a lo largo de la historia modelos ajenos, importados con frecuencia de propuestas norteamericanas. El resultado ha sido un desplazamiento urbano progresivo.
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De la polis griega al campus norteamericano |
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Cada país tiene su modelo de universidad. Ninguno es perfecto, pero todos cuentan con elementos aprovechables. La propuesta británica, por ejemplo, integra ciudad y universidad, mediante la expansión de sus 'colleges' sobre el tejido urbano. Este recurso, precedente del campus universitario norteamericano, permite, según Pablo Campos, conservar la arquitectura monástica, el patio o claustro que propiciaba el control directo de la vida estudiantil y lograba una mejor adaptación a las divisiones del tejido ciudadano. El modelo francés parte de una configuración policéntrica y cercana de los edificios docentes. Alemania, por su parte, se decantó en la Universidad de Berlín por el edificio‑universidad compacto, heredero de la tradición renacentista. El prototipo norteamericano, con la Universidad de Virginia como referente, parte del enunciado formal y funcional del 'collegé británico, pero trasladado a una amplia extensión en la que asentar una pequeña ciudad idílica, segregada y autosuficiente. Edificios abiertos, separados entre si en un entorno extenso y verde, el campus, un término hoy tan indiscriminadamente utilizado en el lenguaje universitario actual, en opinión de Pablo Campos.
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Hoy, de las cerca de 70 instituciones públicas y privadas existentes en nuestro país, sólo un 20% forma parte del tejido urbano, mientras que la gran mayoría se ubica en la periferia de las ciudades o se encuentra completamente segregada de ellas, según las conclusiones extraídas por el arquitecto Pablo Campos Calvo‑Sotelo, autor de la primera y única investigación conocida en Europa y en Estados Unidos que analiza, de forma global y en profundidad, la situación urbanística de las universidades españolas.
El trabajo elaborado en 1997, y recientemente publicado con el título Universidad en España. Historia, urbanismo y arquitectura, estudia 57 entidades universitarias y analiza 114 recintos, lo que equivale a la totalidad de las corporaciones españolas existentes en aquel momento. Desde entonces y hasta la actualidad, hay en nuestro país 11 nuevas universidades, que no han variado, según Pablo Campos, los resultados alcanzados hace casi un lustro, en cuyo análisis ha empleado casi 13 años de investigación.
"Todavía la Universidad no ha respondido con todas sus posibilidades humanas y arquitectónicas a las expectativas que reclaman proyectos coherentes en su esencia y significación", afirma el autor del estudio, para quien la Universidad española es hoy el resultado de un desarrollo y crecimiento desatinado, ante la ausencia de planificación general que piense en el objeto arquitectónico como espacio de una institución creadora de conocimiento, inserta en una tradición cultural e irrenunciable. Un diagnóstico que comparten plenamente expertos en urbanística que, junto a Pablo Campos, presentaron hace pocos meses el libro de investigación en Madrid.
Sin personalidad propia. No existe un modelo único de implantación universitaria. Existen prácticamente tantos modelos como épocas históricas han marcado la edificación universitaria.
En el siglo XV, por ejemplo, la Universidad de Salamanca, como la de Alcalá de Henares, Valladolid o Santiago de Compostela, se encuadraba en el casco de la ciudad. La estructura interna del centro docente salmantino está conformada por los edificios destinados a albergar los antiguos colegios universitarios dispuestos en torno a un patio, mediante el cual la trama urbana se ensancha para contemplar su muy difundida fachada plateresca. Su estructura urbanística consta de un sistema viario complejo e irregular, heredero de la antigua traza del casco histórico. La calle Libreros, la Plaza de Anaya y la Rúa Mayor son receptores de la mezcla indiscriminada entre la población docente y la no docente.
Más próximas en el tiempo son las ciudades universitarias, una tipología que comenzó a fraguarse en los años veinte. La Ciudad Universitaria de Madrid (1927), el recinto periférico de la Universidad de Santiago (1930) o, ya mucho después, la Universidad de Barcelona, constituyen ejemplos de conjuntos policéntricos y pabellonarios, difusos en la ciudad y herederos de la Universidad parisina del siglo XIX, aunque aportando algunas de las directrices compositivas del campus norteamericano.
A partir de los años 70 se fueron incorporando una serie de rasgos propios en la implantación universitaria. Los nuevos conjuntos docentes se construían preferentemente en la periferia y se apostaba por macroestructuras arquitectónicas, edificios compactos de sobresalientes dimensiones y esencia multifuncional.
La heterogeneidad arquitectónica se traduce hoy en un variado muestrario. En él, el autor del estudio destaca, entre las más recientes obras, la "interesante integración formal que encarnan los Aularios de la Universidad de Las Palmas, diseñados por Juan Navarro Baldeweg, un collage proyectivo rico en estilos e interacciones".
Pero, además, y acorde con la regeneración de los cascos antiguos, se constata un interés por retornar a fórmulas espaciales históricas. Buen ejemplo sería la regeneración de los espacios urbanos a los que ha dado lugar la Universidad de Alcalá de Henares, la Universidad de Gerona, la de Tarragona, la de Cartagena o la de Zamora.
Igualmente, Campos destaca el esfuerzo por adaptar las obsoletas edificaciones militares en desuso y su recuperación para uso docente, como ha sido el caso de la Universidad Pompeu Fabra, en Barcelona.
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02. El carácter periférico impera en los espacios universitarios valenciano. 03. De 1957 data el recinto periférico de Pedralbes, en la Universidad de Barcelona. 04. Imagen de la Universidad Politécnica de Cartagena (Murcia) |
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Trazado gobal. Si no podemos hablar de una personalidad propia en la arquitectura universitaria española actual, si se puede afirmar que, por regla general, el trazado global que sustenta los imponentes conjuntos docentes no prevé su posterior evolución. "La Universidad -afirma Pablo Campos- tiene que llevar a cabo la trascendental misión de la formación integral del ser humano. Por ello, ha de prestar la debida atención al diseño de los espacios físicos donde alojar tan importante proceso. La planificación de las implantaciones universitarias ha de trascender a una mera previsión de superficies disponibles. Serían recomendables composiciones que presten tanta atención a los volúmenes edificados como a los espacios libres".
Campos es partidario de una concepción del espacio docente arraigado en el entorno social, natural y urbanístico, que huya de estilos importados y ajenos a la cultura local. Pero, además, apuesta por la flexibilidad interior y exterior, que posibilite su adaptabilidad. "Por ello -añade- el diseño de su estructura física debe partir de una premisa básica: la concepción del mismo no es tanto la de un objeto urbanístico y arquitectónico, sin la de todo un proceso". <<