Sobre un
Pedestal

>> Fotografía: Duccio Malagamba

La antigua fábrica Casaramona, íntegramente rehabilitada, y una nueva planta excavada bajo tierra, que se abre a una zona exterior -patio y vestíbulo ala vez-, en la que se yergue la escultura de dos grandes árboles de acero y vidrio, constituyen la sede de la Fundación Cultural de la Caixa. Rehabilitación y ampliación han conseguido conjugar modernismo y contemporaneidad en un espacio común, que exhibe el edificio industrial sobre un gran pedestal de piedra blanca.

Cuando en el mes de febrero se inauguró oficialmente el edificio CaixaForum se había conseguido un objetivo mucho más ambicioso que dotar a la ciudad de Barcelona de un importante equipamiento cultural. La rehabilitación integral de Casaramona ha supuesto rescatar el edificio del abandono en el que había estado inmerso durante muchos años y que le habría conducido a la ruina funcional. "El deterioro estructural era tal -dice Marçal Roig, uno de los arquitectos técnicos que ha dirigido la ejecución de las obras- que se llegó a pensar que alguna soluciones y procesos constructivos que necesitábamos realizar acabarían con la poca estabilidad que en aquellos momentos tenía el edificio".

Ahora, Casaramona, tras una meticulosa y compleja actuación rehabilitadora y de consolidación, forma parte de la sede de la Fundación Cultural de la Caixa. Bajo la fábrica se ha construido una planta subterránea de 6.081 metros cuadrados de superficie, a la que se accede a través de un gran patio a cielo abierto de 750 m2, de distintos niveles, que desemboca en el vestíbulo. La fábrica de ladrillo descansa sobre un gran pedestal de piedra blanca. Frente a la fachada principal, dos árboles iguales de acero corten, de 7 metros y medio de altura y que soportan una gran cubierta de vidrio transparente de 225 m2 de superficie, constituyen el paisaje del complejo.

Son varios los arquitectos que han firmado el edificio. Roberto Luna ha realizado el proyecto de rehabilitación y el de los nuevos espacios; la restauración, ladrillo y ladrillo, teja a teja, la ha llevado a cabo Francisco Javier Asarta, y Robert Brufau ha desarrollado la estructura de la nueva planta y ha consolidado la existente. El arquitecto japonés Arata Isozaki es el autor del módulo de acceso y de la escultura arbórea. Los arquitectos técnicos Marçal Roig y Antonio Vega han dirigido la ejecución de la obra.

Casaramona. El punto de partida ha sido la fábrica textil Casaramona. Proyectada por Josep Puig i Cadafalch, construida entre los años 1910 y 1911 y cerrada como fábrica textil en 1919, el edificio modernista es una joya de la arquitectura industrial de Cataluña. Se trata, además, de una de las primeras construcciones levantadas en la falda de la montaña de Montjuic antes de su urbanización, lo que le confiere un valor histórico, pues su edificación generó la aparición en la zona de una trama urbana condicionada por su presencia. Esta doble condición -arte e historia- se reconoció en 1976, cuando Casaramona fue declarado edificio histórico-artístico de interés nacional.

La antigua fábrica textil se constituyó en su día en un ejemplo de construcción industrial y en estandarte de respeto patronal hacia la salud y seguridad laboral de los 300 obreros del centro, que podían desarrollar su trabajo en amplios espacios delimitados por calles interiores y ante grandes ventanales que inundaban de aire y luz los talleres.

Además, Casaramona contaba en sus torres con depósitos de agua automáticos para la extinción de incendios. No en vano, el propietario de la fábrica, Casimir Casaramona, había sufrido, como otros muchos fabricantes textiles de su época, los efectos del fuego, que devastó la fábrica que tuvo en el barrio del Raval. Esta circunstancia le convenció de la necesidad de reforzar al máximo las medidas de seguridad del nuevo edificio.

Dos torres. Las dos torres de la fábrica, de una altura de 30 metros, constituían los elementos más vistosos del conjunto. Una de ellas -que fue objeto en 1990 de la única restauración que se había realizado en el edificio-tenía inscrito el nombre de la fábrica en piezas de cerámica y estaba rematada por una estructura decorativa de hierro forjado. El depósito de agua estaba ubicado en su parte inferior, para garantizar su salida aunque la presión del suministro fuese mínima. La otra torre tenía instalado el depósito de agua en la parte superior y estaba rematada por arcos parabólicos y una cubierta revestida de cerámica.

El ladrillo es el material protagonista de la fábrica concebida por Puig i Cadafalch, quien declaraba cuando levantaba el edificio que los nuevos materiales no habían dado lugar a una revolución estética comparable al descubrimiento del ladrillo en la Roma de Augusto. En cuanto al aspecto formal, el arquitecto incorporó a Casaramona, una fábrica textil, elementos de corte gótico propios de la corriente modernista. Construyó la cubierta de las naves de hilados y tejidos con un sistema de bóveda catalana vacía, sostenida por jácenas y pilastras de hierro, y combinó dinteles planos con ojivas en las ventanas. El diario ‘La Veu de Catalunya' del 28 de enero de 1913 elogió su diseño y ejecución: "Quien lo contempla por primera vez no da crédito a que un edificio de tan artística y original arquitectura sea una fábrica".

Casaramona cerró sus puertas a finales de 1919 y el edificio permaneció sin usarse hasta 1929, momento en el que, con motivo de la Exposición de Barcelona, fue utilizado como almacén. Tras la guerra civil, Casaramona fue convertido en caballerizas y parque móvil del Cuerpo Nacional de Policía. "Su estado de deterioro -señala Marga¡ Roig- era fruto de una construcción sencilla y mal resuelta, de una operación económica demasiado rápida y, cómo no, de una ausencia total de mantenimiento, que ninguno de sus anteriores ocupantes se había planteado, sino todo lo contrario. Cada una de las actuaciones o usos anteriores atentaban un poco contra su estabilidad".

En 1963, la Caja de Pensiones para la Vejez y Ahorros adquirió Casaramona, y en 1993 se plantea su rehabilitación para convertir la histórica fábrica en la sede de las actividades sociales y culturales de la entidad. Desde entonces, y también durante la realización de las obras, se han llevado a cabo numerosas labores investigadoras sobre esta obra de Puig i Cadafalch, ya que -comenta el arquitecto Francisco Javier Asarta, que ha materializado la recuperación de las fachadas de ladrillo, las cubiertas y todos los elementos ornamentales- "toda restauración implica un proceso de búsqueda en los archivos para recuperar planos originales, fotografías, grabados antiguos... No se puede dar nada por sentado". Toda esta recopilación de datos ha permitido que Casaramona sea tal como era hace casi un siglo.

Fidelidad. Ha sido precisamente la fidelidad a su imagen primitiva el criterio esencial en la restauración de Casaramona. "Mi trabajo -comenta Asarta- ha consistido en recuperar la imagen del edificio tal y como fue concebido por Puig i Cadafalch, quien supo solucionar su construcción con gran simplicidad de volúmenes y con el mínimo de materiales. Nosotros hemos seguido la misma filosofía. Visitamos el archivo de la familia Puig i Cadafalch. Conseguimos localizar planos y perspectivas, que nos han permitido recuperar los elementos decorativos, que estaban muy estropeados: las rejas y los ornamentos de hierro forjado, el trencadís de la torre... Arquitectura, materiales y color: todo con la máxima fidelidad".

"Iniciamos un proceso selectivo de derribos para dejar solamente lo que Puig i Cadafalch había construido. Recuperamos la piel del edificio en los puntos en que se habían picado las paredes para abrir regatas o hacer puertas. Los elementos metálicos, al oxidarse, habían resquebrajado muchos ladrillos. Los ladrillos de los edificios antiguos suelen ser más anchos y más largos que los de ahora. Construimos moldes, como los de la época del modernismo, y fabricamos más de cien mil ladrillos. Los tejados no estaban impermeabilizados, se filtraba el agua. Tuvimos que construirlos de nuevo, con unas baldosas muy parecidas a las que había, con las mismas curvaturas. En las bóvedas, entre las antiguas naves, unas claraboyas iluminaban el sótano. Cada vez que se rompía una, la tapaban de cualquier manera, por lo que se habían perdido todos los remaches. En el caso de las claraboyas, fueron las marcas en la pared lo que permitió adivinar su disposición".

Trabajos coincidentes. Los trabajos de recuperación de la fábrica coincidieron con la construcción de la planta subterránea. "Íbamos recuperando -señala Asarta- los ladrillos, las ventanas, las torres, las rejas, los ornamentos de piedra. Y al mismo tiempo, los arquitectos movían tierras y cavaban cimientos para hacer el nuevo sótano. Tuvimos que compatibilizar un trabajo de estructuras muy complicado con la delicada tarea de sustituir una reja o rehacer un pináculo:'

"El terreno sobre el que se construyó Casaramona -afirma Francisco Javier Asarta- era muy malo. Por eso, en lugar de colocar una zanja y poner los cimientos, como solía hacerse en aquella época, se excavaron pozos, buscando un terreno más sólido. Los cimientos están construidos en forma de pilares de ladrillo, unidos con arcos que sostienen los tabiques. En las zonas de los almacenes hemos querido dejarlos a la vista, como testimonio de las técnicas de construcción de la época".

Deterioro. Los efectos del deterioro eran evidentes en todo el conjunto. "Muchas de las paredes portantes -comenta Margal Roig- tenían fisuras en dinteles y alféizares; gran parte de los pilares metálicos tenían las bases oxidadas, apreciándose una disminución de sección de aproximadamente un 60%; las jácenas de cubierta tenían la mayoría de los perfiles destruidos por oxidación, había fisuras en las vueltas de rasilla... La totalidad de los pináculos de cubierta, realizados con fábrica de ladrillo, no tenían conexión con las paredes inferiores y había una falta total de sellado de la cubierta con las paredes laterales, produciendo entradas de agua por todo su perímetro". En cuanto a otros elementos "el tiempo -añade Roig- había destruido las piedras de la fachada de la calle Méjico. A ambos lados de la antigua entrada existía un pináculo de flores sostenido sobre dos ruedas dentadas, símbolo de progreso. Localizamos a los nietos de los artesanos que habían hecho los originales, encontramos los moldes y los reconstruimos".

"La cubierta de la nave de tejidos e hilados -prosigue Roig- es una hoja de baldosas planas, doblada a modo de manto. Había que buscar a albañiles capaces de trabajar como en los tiempos de Puig i Cadafalch. Seguimos un riguroso proceso de selección hasta encontrar a dos albañiles de Vilafranca del Penedés que colocaron más de 44.000 unidades de baldosas".

PROPIEDAD
la Caixa
Avda. Marqués de Comillas 6-8.
Barcelona

PROYECTOS
Rehabilitación y ampliación:
Roberto Luna, arquitecto
Restauración de
fachadas y cubiertas:
Francisco Javier Asarta, arquitecto
Consolidación y
ampliación de estructuras:
Roberto Brufau, arquitecto
Nuevos espacios exteriores y accesos.
Arata Isozaki, arquitecto

 DIRECCIÓN FACULTATIVA
Roberto Luna, arquitecto
Marjal Roig y Antonio Vega
arquitectos técnicos Colaboradores
Julio López y Josep Ena, arquitectos

INSTALACIONES
Proyecto y dirección de instalaciones técnicas:
JG & Asociados
Proyecto y dirección de instalaciones de seguridad:
Delta Proyectos
Acondicionamiento acústico:
Audioscan

SEGURIDAD Y SALUD
Redacción estudios y coordinación:
Antonio Vega y
Construcció i Control
M. Roig i Associats

CONTROL DE CALIDAD
Proyecto y ejecución: Secotec
Ejecución: Contsrucció i Control
M. Roig i Associats
Laboratorios de ensayo:
Payma e Intecasa

GESTIÓN INTEGRAL DE PROYECTOS Y OBRAS
Sumasa

EMPRESAS CONSTRUCTORAS
Contratista Principal 1a Fase:
UTE COMSA-CLOSA
Contratista Principal 2a Fase:
COMSA


PLAZOS
Inicio proyectos: julio 1997
Inicio obras: febrero 1998
Finalización 1, fase:
noviembre 1999
Finalización 2, fase:
diciembre 2001

Uno de los elementos más singulares de la antigua fábrica eran sus torres. "La torre del depósito -indica el arquitecto técnico- estaba muy poco protegida, entraba el agua por todas partes. Se construyó con hormigón de 1910, con arenas de playa. La parte de la torre que queda por encima del depósito ha debido reconstruirse a fondo. La otra, la que llamamos la del reloj, sufrió el impacto de un rayo en 1965. El Ministerio del Interior la consolidó y restauró. Hemos armonizado esta intervención con la restauración llevada a cabo en el resto del edificio".

Estructura. La consolidación y ampliación de la estructura ha sido obra de Roben Brufau. "La fábrica Casaramona -indica- es un edificio bastante bien construido, aunque presenta las deficiencias de los edificios industriales: muy permeable, con una importante proporción de huecos en relación con el lleno, sin juntas de dilatación... Tuvimos que reforzarlo para poder construir el sótano. Cosimos las grietas y proyectamos hormigón en las paredes interiores para conseguir mayor grosor de la fachada, que era muy fina. Se reforzaron los pilares, las vigas y las bóvedas de ladrillo".

"El proceso de construcción del nuevo sótano dice Robert Brufau- fue muy complicado. En primer lugar, construimos un muro pantalla alrededor de toda la fábrica, rodeándola a 12 metros de profundidad. Por la parte interior empezaron a construirse micro pilotes, enterrados entre 16 y 18 metros de profundidad, con una armadura muy resistente. Una vez construidos estos micro pilotes, los unimos a la pantalla exterior con unas vigas que se cogían a los cimientos de los pilares originales. Todo ello en el subsuelo, sin sacar la tierra. Cuando tuvimos toda la fachada y la estructura antigua de la fábrica unida con las vigas, empezamos a excavar. En total, se han extraído 40.000 m3 de tierra. A partir de aquí se construyeron los pilares de hormigón que sostienen la estructura de vigas metálicas. Gracias a esta estructura no hay ninguna parte del edificio antiguo -excepto la zona de sótano que actualmente aloja la mediateca- que esté en contacto con el suelo".

Nueva planta subterránea. Roberto Luna ha realizado el proyecto de rehabilitación de la fábrica para adecuarla a su nuevo uso y el de la gran planta subterránea. "La decisión clave del proyecto -dice el arquitecto- fue situar la entrada a Caixa Forum en el nuevo sótano. Con ello se consigue mantener intacto el edificio de Puig i Cadafalch, porque en una rehabilitación hay que ser muy respetuoso con la obra original".

"El edificio de Puig i Cadafalch es una especie de ciudadela, con sus propias relaciones: dos grandes naves de tejido e hilado y dos naves más pequeñas en el centro -almacén y tienda-, con calles de comunicación. A pesar de ser un edificio modernista, es muy racional. Hemos reproducido la misma estructura en la planta sótano: dos grandes espacios -el vestíbulo de entrada y la zona de almacenes- y dos espacios más reducidos que ocupan la zona central: el auditorio y la mediateca".

"El auditorio -añade Luna- ha sido, por su volumen, la pieza más difícil de incluir en el conjunto. La necesidad de un gran espacio sin columnas motivó una solución conceptualmente sencilla pero difícil de construir". Como había que dejar un gran espacio sin pilares, la solución fue construir una viga y unos pilares exteriores. "Desde estos pilares -indica Brufau- parten cuatro grandes vigas que atraviesan las distintas naves del edificio. Esto permitió dejar una parte central totalmente vacía".

"Las naves de la antigua fábrica dice Roberto Luna- reunían unas condiciones óptimas para convertirse en salas de exposiciones. Pero se necesitaba casi el doble de espacio. La única manera de ampliar era construir un sótano nuevo. En cada una de las naves había una doble hilera de ventanas, que daban una luz natural muy buena para su uso industrial. Una sala de exposiciones necesita más metros de pared y, en cambio, puede prescindir en gran medida de la luz natural. El techo abovedado era uno de los aspectos más interesantes de estas naves. No se podía construir un falso techo técnico para colocar instalaciones, de manera que construimos un muro separado de la fachada original por un corredor de 80 cm., en el que van situados los conductos de aire acondicionado, el sistema contra incendios, las instalaciones eléctricas y de transmisión de datos... Lo iluminamos hacia arriba, utilizando las bóvedas como pantallas difusoras".

Dos árboles de acero y vidrio. El vínculo entre Casaramona y la nueva construcción es un gran patio exterior, que hace las veces de vestíbulo y que ha concebido el arquitecto japonés Arata Isozaki. "Soy consciente -comenta- de que delante de CaixaForum se encuentra uno de los edificios más importantes de la historia de la arquitectura. Y es que uno de los arquitectos más influyentes del siglo XX, Mies Van der Rohe, construyó allí el Pabellón Alemán en la Exposición de 1929, conocido actualmente como Pabellón de Barcelona. Había cruzado muchísimas veces esta calle y siempre percibía una especie de tensión entre ambos edificios: uno modernista, con las características propias de este movimiento, y uno que se expande horizontalmente por el espacio y que representa una solución arquitectónica increíble para su época... Al estudiar el acceso al patio descubrí la necesidad de incorporar algún tipo de elemento escultórico, con una cubierta transparente que pudiera servir de portal. Se me ocurrió una idea muy sencilla. La calle está llena de árboles: ¡una estructura artificial en forma de árbol! Finalmente proyectamos dos arboles de grandes dimensiones. La estructura superior es de acero corten, como una escultura contemporánea. Como ocurre también con los árboles orgánicos, se van ramificando hasta componer una estructura compleja, que contrasta con la regularidad de la fachada del edificio de Puig i Cadafalch".

"El reto mayor -dice al respecto Robert Brufau- ha sido que Isozaki quería que todo el patio estuviera construido con piedra de Cabra. Piedra y no aplacado. El aplacado se sostiene sobre una estructura previa. De esta forma se recubren, por ejemplo, las fachadas de los rascacielos. Isozaki quería que la piedra tuviera grosor, por lo que en lugar de los 3 cm., el aplacado tiene 10. Cada piedra del pavimento pesa 240 kilos y las de la pared pesan 1.200 kilos. Manejar estas magnitudes con tal precisión ha supuesto un gran reto".

"Hemos seleccionado -dice el arquitecto técnico Marçal Roig- a las personas que habían de ocuparse de colocar las piedras entre los mejores canteros de Galicia. En su mayoría, era gente mayor, con años de experiencia y oficio a sus espaldas. Tenían que asentar con una precisión de milímetros los grandes bloques de piedra".

Respecto a la intervención general de Arata Isozaki, Marçal Roig considera que una de sus aportaciones fundamentales ha sido considerar que el patio y el vestíbulo son una misma cosa. "Para crear esta sensación de continuidad, se ha instalado un gran cristal óptico, como el que se utiliza en la fabricación de gafas. El vestíbulo y el patio -paredes y suelo- se han forrado con la misma piedra blanca, de tal forma que, gracias a la permeabilidad visual del vidrio, parecen un mismo espacio".

Tras la compleja obra, la sede la Fundación Cultural de la Caixa dispone de un auditorio polivalente con capacidad para 350 personas; una mediateca-biblioteca de 550 m2, equipada con las tecnología multimedia e interactivas más innovadoras; un taller pedagógico; tres salas de exposiciones con una superficie total de 3.000 metros cuadrados; talleres de conservación y restauración, un almacén destinado a la colección de arte contemporáneo de la Fundación con 4.500 m3 de peines para colocar obras; dos salas polivalentes equipadas para traducción simultánea y provistas de salas de proyección, una tienda librería y un restaurante.

Y el principio de todo este conjunto arquitectónico ha sido la fabrica textil modernista Casaramona, recuperada para otra vida útil casi un siglo después de su construcción. <<