Un plan para la
arquitectura
   industrial

>>Belén Ortega
Fotografía: Fundación Almadén

Fundación
de los Ferrocarriles Españoles

Son 50 bienes industriales los que se van a beneficiar de un ambicioso plan estatal que persigue proteger unas bellas y curiosas arquitecturas que en su día tuvieron una clara utilidad y que hoy, por estar en desuso o abandonadas, corren un serio peligro de destrucción. Las primeras actuaciones se van a centrar en el Molinar de Alcoy (Alicante), las Minas de Almadén (Ciudad Real), el Canal de Castilla, la Real Fábrica de Artillería de Sevilla y los poblados ferroviarios de Arroyo-Malpartida, Monfragüe y Almorchón, en Extremadura.

Los altos hornos de Marbella, la fábrica de gas y electricidad de Oviedo, el paisaje minero de Reocín, en Cantabria, la fábrica de paños de Brihuega, el aserradero mecánico de Valsaín, las colonias industriales del Llobregat, la harinera de Plasencia, el Canal de Isabel II en Madrid, la fábrica de tabacos de Valencia... De esta categoría son los 50 enclaves industriales que piden a gritos ser salvados, independientemente del uso posterior que de ellos se haga y que, a buen seguro, irá en beneficio de la comunidad, ya que la gran mayoría se destinará a centros culturales o sociales.

El Instituto del Patrimonio Histórico Español y la mayoría de las comunidades autónomas ya se han puesto manos a la obra para acometer cuanto antes los proyectos previos a la remodelación de estos edificios o inmuebles, que son los que exigen una intervención prioritaria por su estado de conservación o por estar situados en zonas de proceso de reconversión industrial.

La ley considera bien industrial tanto los elementos aislados -puentes, fábricas u hornos-, como los conjuntos industriales -una factoría- o los paisajes nacidos con la industria; como las cuencas mineras, además de las manifestaciones tecnológicas de las actividades productivas, tales como viviendas, almacenes o equipamientos.

Diez primeras actuaciones. Para echar a andar este ambicioso plan se han elegido diez actuaciones emblemáticas, de las que las más significativas son el conjunto minero de Almadén (Ciudad Real), la Real Fábrica de Artillería de Sevilla, el Canal de Castilla y cuatro de los poblados ferroviarios que acaba de inventariar la Fundación de los Ferrocarriles Españoles.

Alberto Humanes, arquitecto del Instituto del Patrimonio Histórico Español (IPHE) y uno de los responsables de estas actuaciones, considera que este plan, como el que hace años se puso en marcha con las catedrales, tiene un carácter indefinido y servirá para salvar este patrimonio histórico, que hoy por hoy, asegura, es uno de los más frágiles. "Son bienes muy escasamente protegidos porque no están catalogados y porque su propiedad recae en muchísimos casos sobre una sola persona o una sola familia o una sola empresa", dice.

En su opinión, este plan pionero en Europa servirá también, independientemente de las actuaciones que se acometan, para concienciar a la sociedad de la importancia de proteger no sólo los edificios industriales, sino también las maquinarias y los materiales que explican el proceso y la razón de ser de estos monumentos del trabajo. "No solamente se trata de recuperar el contenedor, sino también el contenido. Este es uno de los aspectos más innovadores del plan", continúa Alberto Humanes, quien destaca, de entre los 50 elementos seleccionados en una primera fase, los altos hornos de Marbella por su singularidad. "Se trata de los primeros altos hornos que hubo en España y de los que ahora apenas quedan vestigios".

Para calibrar la importancia de este plan, basta considerar la relevancia de algunos de los primeros enclaves industriales en los que se va a trabajar.

Minas de Almadén. Desde que fueron descubiertas por los cartagineses, se estima que las Minas de AImadén han producido aproximadamente la tercera parte del mercurio consumido por la humanidad en toda su historia. De sus minas, de las que hablaron en sus escritos Tito Livio, Plinio, Vitrubio y Cicerón, han salido miles de toneladas, pero su explotación acaba de ser clausurada. Por eso, ante el definitivo cierre de las instalaciones de Almadén, la empresa pública Minas de Almadén y Árrayanes, S.A. ha elaborado un plan director que pretende que, una vez echado el candado a esta industria que comenzó su actividad hace muchos siglos, se inicie una acción encaminada a que el público pueda conocer las galerías subterráneas y castilletes, las viviendas del pueblo, el hospital y la escuela de minas.

De hecho, la antigua Academia de Minas del siglo XVIII está considerada la cuarta más antigua del mundo y la de mayor antigüedad de España.

En Almadén se encuentran dos auténticas joyas de la arquitectura industrial. Se trata del horno de Aludeles o de Bustamante, construido por Juan A Bustamante en 1646, que fue utilizado durante casi 300 años para la producción del mercurio y que, además, es el único en el mundo que se conserva en buen estado. La otra joya de Almadén es la puerta de Carlos IV, que da acceso al cerco de Buitrones, una muralla que defendía la zona metalúrgica de la mina y que fue construida en 1795 en estilo neoclásico con rasgos barrocos.

Las minas de Almadén dieron fama a la península ya en el mundo antiguo. Las primeras noticias de su explotación datan del siglo IV a.C., pero fue tras la conquista romana cuando adquirieron su mayor desarrollo. Los musulmanes continuaron su explotación y le dieron su nombre actual, "al-madin", la mina. En 1523 la Corona de Castilla se apropió definitivamente de los yacimientos.

En 1525 Carlos I tuvo que arrendarlas a los Fugger (Fúcares), una familia alemana de banqueros, como pago de los préstamos recibidos para sufragar los gastos de su coronación como emperador. Los nuevos propietarios disfrutaron de la explotación minera hasta 1645, año en que fue recuperada por la Real Hacienda, hasta que en 1870 la familia Rothschild consiguió una exclusiva de venta por 30 años y se convirtió en propietaria de las minas de Nuevo Almadén, recién descubiertas, y de las de Idria (Italia), pasando a controlar el monopolio mundial del mercurio. El grupo alemán continuó con la explotación hasta 1921, año en que fueron definitivamente recuperadas por Hacienda, de quien depende el Consejo de Administración de las Minas de Almadén y Arrayanes.

Fábrica de Artillería de Sevilla. Otra de las primeras actuaciones previstas en el Plan se realizará sobre la Real Fábrica de Artillería de Sevilla, que representa un importante hito de la arquitectura industrial sevillana, íntimamente relacionada con la expansión ultramarina española. En el mismo lugar que hoy ocupa este establecimiento, Juan Morel, hijo del famoso fundidor y artillero Bartolomé Morel, instaló en 1565 sus talleres, que acabarían siendo adquiridos por el Estado por indicación del rey Felipe III. Más tarde, en 1782, Carlos III mandó edificar el edificio actual, declarado bien de interés cultural el 16 de noviembre de 2001.

Ante el abandono de su uso militar, la fábrica de artillería tiene un plan director que ha sido elaborado por los arquitectos Cano Lasso, en el que se da la voz de alarma y se pide urgentemente la rehabilitación de sus cubiertas para evitar su progresivo deterioro.

Canal de Castilla. También se intervendrá en el Canal de Castilla, que, es, junto con el Canal Imperial de Aragón, una de las obras hidráulicas de mayor envergadura e importancia de España en la época moderna. Su construcción tuvo como origen las dificultades y problemas existentes en el transporte terrestre en torno a Valladolid y Palencia, lo que motivó que a comienzos del siglo XVI empezara a plantearse el transporte fluvial como alternativa más rentable y eficaz. Así nació el primer proyecto para dotar a Castilla de canales de riego y navegación.

El plan original preveía construir cuatro grandes canales navegables, de los que el primero sería el denominado Canal de Campos, cuyas obras se iniciaron en 1753. Más tarde, se levantaron los canales del Norte y del Sur, que pasarían por Grijota, ViIlaumbrales, Becerril de Campos, Paredes de Nava, Fuentes de Nava, Abarca, Castromocho y Capillas para concluir en Castil de Vela. Y había un cuarto canal, el de Segovia, que nunca llegó a ponerse en marcha. Además, con vistas a la puesta en servicio de los primeros tramos del canal, había que edificar almacenes y embarcaderos, así como puentes, acueductos, molinos, fábricas y astilleros para reparar barcas.

La Guerra de la Independencia tuvo una repercusión negativa en la marcha de la construcción del Canal, por el saqueo y destrucción de buena parte de almacenes y fábricas y porque se interrumpió la navegación casi por completo. Además, muchas de las nuevas poblaciones fueron abandonadas. Por eso se elaboró un plan de privatización del Canal.

Pese a todos los problemas surgidos, en 1835 se logra por fin concluir las obras del Canal del Sur, llegando hasta la dársena de Valladolid los primeros barcos, y 14 años más tarde, el Canal de Campos, llegando las aguas hasta Medina de Rioseco.

La importancia de la navegación fue en aumento y si en 1831 había sólo 17 barcazas, en 1860 eran ya un total de 365, la mayoría propiedad de particulares. Además, había cuatro barcos para pasajeros que hacían la ruta entre Valladolid y Palencia, con un trayecto que duraba de 6 a 7 horas y que costaba 12 reales por persona. Aun así, los gastos de transporte por el canal eran cinco veces inferiores al transporte por carretera.

El canal tuvo una gran influencia en el desarrollo industrial de la región, ya que los saltos de agua se aprovechaban para impulsar la maquinaria de las fábricas por energía hidráulica. Pero a partir de 1860, fundamentalmente a causa de la construcción de la línea de ferrocarril Madrid-Valladolid-Burgos-Irún, la historia del Canal de Castilla fue la de una larga decadencia. Así hasta que en 1959 el Estado decretó la suspensión de la navegación y la utilización exclusiva de estas instalaciones como canal de regadío.

A partir del 17 de mayo, la Diputación de Valladolid puso en marcha el Plan de Navegabilidad del Canal de Castilla. Y el barco turístico 'Antonio de Ulloa' recorre los términos municipales de Medina de Rioseco, Villanueva de San Mancio y Tamariz de Campo -ida y vuelta- en un paseo por el río que recorre nueve kilómetros y dura 90 minutos.

Poblados ferroviarios con historia. El Plan de Patrimonio Industrial pretende también rescatar parte de la historia de los poblados ferroviarios y sacar a la luz aspectos relacionados con las condiciones de vida y trabajo de sus moradores, así como mostrar las semejanzas y diferencias desde que se producen los primeros asentamientos en torno al ferrocarril hasta la fase crítica de finales del siglo XX, momento en el que gran parte de estos poblados quedan abandonados o ven muy reducida su población.

Los poblados ferroviarios que tendrán prioridad dentro de este Plan serán los de Arroyo-Mal partida y Monfragüe, en Cáceres, y Almorchón, en Badajoz. Los tres forman parte del inventario que acaba de hacer la Fundación de los Ferrocarriles Españoles con 47 pueblos, de los que 24 tienen valor patrimonial. En Monfragüe, por ejemplo, durante los primeros años de explotación del nudo ferroviario, los operarios que allí se destinaron para atender el tráfico de trenes malvivían en pequeños cobertizos y vagones o se tenían que desplazar varios kilómetros desde los pueblos próximos. Poco a poco, se fueron construyendo viviendas en torno a este nudo de ferrocarriles para alojar a los empleados. Y así, donde antes sólo crecían la encinas, surgió un nuevo pueblo que llegó a tener casi 800 habitantes en la década de 1960. Y no sólo se construyeron viviendas -alrededor de 130-, sino que también se levantó una iglesia y una escuela para atender la formación de los ferroviarios y sus hijos. Con el tiempo, la desaparición de la tracción a vapor y el cierre de la línea Palazuelo-Astorga hicieron que el poblado sufriera un imparable despoblamiento, que lo ha reducido al medio centenar de habitantes y un buen parque de inmuebles abandonados, en buena parte con amenaza de ruina.

El nacimiento del poblado de Arroyo- Mal partida fue coetáneo al de Monfragüe. Se creó en medio de la nada, a medio camino entre las poblaciones que le dan su nombre, y su importancia fue mayor porque allí se instaló un importante depósito de locomotoras, lo que exigía una destacada dotación de personal técnico. De esta manera, Arroyo-Malpartida llegó a contar con algo más de un millar de habitantes, que se empezaron a ir cuando se cerró el depósito de locomotoras y, casi simultáneamente, perdió su condición de nudo ferroviario al construirse una variante que permitía acceder a los trenes directamente a Cáceres. Pero, mientras tanto, los ferroviarios tuvieron capilla y escuela... y hasta dos cines. El final de este poblado de 280 casas no ha sido tan triste, sin embargo, como el de Monfragüe, ya que, debido a la cercanía de Cáceres, conserva una cierta vitalidad vinculada al fenómeno de las segundas residencias.

Muy alejado de estos dos lugares, pero en la misma comunidad extremeña, nació el tercero de los grandes poblados que ahora se pretende recuperar: Almorchón. Los trenes pisaron sus dehesas por primera vez en 1866. Las primeras casas y edificios de servicio se levantaron casi 14 años después, en torno a 1880, hasta que en los años 60 del siglo XX llegó a tener casi un millar de vecinos. Pero, al igual que sucedió en Arroyo- Mal partida, el cierre del depósito de tracción y el prácticamente final del tráfico de la línea que bajaba hacia Córdoba hicieron que el nudo languideciera de forma implacable.

Otros bienes industriales. Además, el Plan de Patrimonio Industrial ha incluido en su lista de prioridades otros bienes distribuidos por toda la geografía española.

En Andalucía, por ejemplo, están las minas de Riotinto y la fábrica azucarera de Motril, además de los altos hornos de Marbella, que comenzaron a funcionar aproximadamente en 1820. Es cierto que dejaron de funcionar en 1844, pero también lo es que fueron los primeros altos hornos de España y que llegaron a copar el 75% de la producción española de hierro. Seguramente a su sombra, o viceversa, nació otro de los bienes incluidos en el Plan de Patrimonio Industrial: la fábrica de hojalata de Juzcar, en la serranía de Ronda.

Asturias, por su parte, recuperará tres de los bienes industriales más emblemáticos de su territorio: el pozo Santa Bárbara de Turón, la fábrica de gas y electricidad de Oviedo, aún en funcionamiento, y la central eléctrica de Grandas de Salime. Y en Cantabria, el complejo siderúrgico de La Cavada, el paisaje minero de Reocín, y el embarcadero de mineral de Dicido.

Dentro del territorio de Castilla-La Mancha, figura la Real Fábrica de Metales de San Juan, en Riopar, la zona minera de Puertollano y la fábrica de paños de Brihuega. Y en Castilla y León, la cuenca minera de Sabero, el aserradero mecánico de Valsaín y las industrias textiles de Béjar.

En Cataluña están la fábrica Miralda de Manresa, la fábrica Asland en Clot del Moro, la colonia Sedó de Esparraguera y las colonias industriales del Llobregat. En Extremadura, la harinera de Plasencia, las minas de Aldea Moret y una bodega de Almendralejo. En Galicia, la fábrica de conserva y factoría ballenera Massó, las centrales hidroeléctricas del río Tambre, los viaductos Madrid y Pontevedra del ferrocarril en Redondela, y los astilleros navales del arsenal de Ferrol.

Madrid, por su parte, cuenta con los talleres de Nuevo Baztán, el Canal de Isabel II, la presa del pontón de la Oliva y la central eléctrica de Torrelaguna, además de la Real Fábrica de Tapices y la fábrica de harinas La Esperanza, de Alcalá.

Murcia tiene en su haber el impresionante paisaje minero de La Unión y Cartagena, una mina a cielo abierto de colores ácidos que alcanza una profundidad de 100 metros. En Navarra, figuran El Trujal y las centrales eléctricas del río Irati. En el País Vasco, la draga Jaizkibel, el coto minero de Irugurutzeta, el alto horno de Vizcaya y las salinas de Añara. La Rioja cuenta con la Real Fábrica de Paños de Ezcaray, y la Comunidad Valenciana, con El Molinar de Alcoy, la antigua estación del Grao, la fábrica de seda de Almoines y la fábrica de tabacos de Valencia.<<