Cuando la vivienda se convierte  
        en un búnker

>>Miguel Oliver García 

 

Las posibilidades de que España sufra un ataque bélico o un accidente nuclear de nefastas consecuencias son prácticamente mínimas. No obstante, los expertos coinciden en señalar que la obsesión por la seguridad es cada vez más frecuente en nuestra cultura. La proliferación de refugios nucleares así lo demuestra. Tras los atentados del 11-S y la guerra con Irak, la construcción de estos refugios se ha incrementado un 40% en nuestro  país. Aparejadores y arquitectos técnicos participan, lógicamente, en la edificación de estas construcciones.

En España existen alrededor de 500 refugios de seguridad. La mayoría se encuentra en viviendas privadas. Este tipo de construcciones están preparadas para soportar ataques nucleares, bacteriológicos o químicos. Podrían resistir una explosión nuclear del tipo de Hiroshima (10 kilotones) a 300 metros de distancia, o de un megatón (bomba de hidrógeno cien veces mayor que la anterior) a 1.200 metros. Sin embargo, no más de 20.000 españoles estarían protegidos en caso de una amenaza de tal envergadura. En nuestro país no existe ninguna ley que obligue a la inclusión de estos refugios en nuestros hogares. No ocurre lo mismo en los países del norte de Europa, o en alguna otra zona del planeta.

En Suiza, por ejemplo, existen 230.000 construcciones de este tipo, con capacidad para seis millones y medio de personas, prácticamente el total de su población. En Suecia podrían asegurar la protección del 80% de sus habitantes con los siete millones de plazas que disponen. En este país, además, las empresas también disponen de refugios antiatómicos para sus trabajadores. Noruega es otra nación donde la construcción de refugios resulta obligatoria. Cuenta con un millón y medio de plazas en refugios privados y 180.000 en públicos. En Dinamarca existen dos millones y medio de plazas y Finlandia cuenta con la misma cifra. La única diferencia, en este caso, es que sus refugios se construyen bajo roca, lo que aumenta más si cabe su seguridad, pero también dispara su coste económico. Rusia, por su parte, tiene `cubierta' al 70% de su población, mientras que en Estados Unidos, antes de los ataques del 11S, ya se contabilizaban cien millones de plazas en estas construcciones.

Ciudades líderes. En nuestro país, Madrid y Barcelona son las ciudades más prolíficas en la construcción de refugios de seguridad. Este liderazgo, sin embargo, sólo responde a una cuestión de volumen demográfico. Los últimos acontecimientos bélicos, en este caso, han incrementado en un 40% la demanda de éste tipo de edificaciones.

Existen diferentes tipos de búnker, según su tamaño. El modelo básico (de 30 m2 de superficie) tendría una capacidad para 25 personas y un coste aproximado de 24.040 euros. La inversión en este tipo de construcciones no resulta demasiado costosa ya que en caso de querer incrementar su acogida hasta 50 personas su desembolso sería tan sólo de 6.000 euros más. En dicho precio está incluido el proyecto, la dirección de obra, las puertas blindadas y estancas en acceso y esclusa, una puerta similar en la salida de emergencia, sistema de ventilación y filtrado de aire, válvulas sobreimpresión, máscaras y trajes de protección, detector, manuales de uso y mantenimiento, pruebas y certificado final. El grupo electrógeno, por su parte, es opcional, ya que no resulta imprescindible. Su mantenimiento también resulta muy económico. En la mayoría de casos el coste es cero. Tan sólo se recomienda poner en marcha el grupo electrógeno una vez cada quince días durante un cuarto de hora para que el aceite que utiliza no se quede pegado. Además, también conviene encender una vez cada tres meses el ventilador del sistema de filtrado de aire durante otros quince minutos para comprobar que no ha almacenado polvo.

Todo tipo de vivienda. Los refugios de seguridad pueden construirse en cualquier tipo de vivienda. Ya sea en altura o unifamiliar. De ello dependerá también el lugar elegido para su ubicación. En el caso de querer construir un búnker en un edificio de viviendas, será el último sótano del bloque la zona más apropiada. En caso de vivir en un chalet, existen dos opciones. Por un lado se puede utilizar el garaje de la vivienda para adaptarlo a las condiciones que requiere un refugio de estas características o, por otro, también se puede usar parte de la parcela del jardín-basta unos ocho metros de largo por seis de ancho‑ para construirlo bajo tierra. En éste último caso habría que realizar un estudio previo para comprobar el terreno de la zona, así como su orientación, distribución, etc... Lo idóneo sería que el búnker pudiera construirse bajo roca, ya que así su capacidad de resistencia se multiplicaría, pero su coste resulta muy elevado.

"Un refugio nuclear es simplemente una parte de la casa, de la fábrica o de la oficina, que se sigue usando normalmente como despensa, bodega, gimnasio, local de máquinas, almacén, archivo, sala de cine o de lectura. Al formar parte de una dependencia de la vivienda, no necesita, por lo tanto, ser inscrito en el Registro, ni siquiera como ampliación de la casa. Tampoco resultaría necesario en el caso de que el búnker fuera subterráneo, ya que no afectaría a la edificabilidad del inmueble". Antonio Alcahud es un ingeniero de Barcelona, especializado en la construcción de refugios antiatómicos desde 1976. Su gabinete es el único en todo el país que se dedica exclusivamente a este tipo de edificaciones. "Estos proyectos están sujetos a la normativa general de la construcción. En cada uno de los refugios que construyo cuento con un equipo formado por un arquitecto y un aparejador o arquitecto técnico. Ellos son los que se encargan de controlar la obra en general y cuentan con la responsabilidad de que todos los elementos que integran la obra se encuentren en perfectas condiciones. Yo me encargo, exclusivamente, de la dirección específica del refugio".

Este refugio antiatómico necesita un total de cien toneladas de hormigón armado. El cálculo podría ser de 2.000 kilos por m2. El plazo de ejecución de las obras oscila entre dos y tres meses. Este tipo de construcciones cumple tres funciones: resistencia (el hormigón permite evitar impactos de honda de choque por una explosión), estanqueidad (un sistema de filtrado de aire lo toma del exterior, lo filtra, pasa por el interior del refugio y, después, lo vuelve a expulsar) y habitabilidad (el refugio debe tener aseos, fosa fecal, cocina, camas, víveres, máscaras antigás y detector de radioactividad).

El búnker es una estructura de hormigón armado cuyas paredes deben tener un grosor de 40 centímetros de ancho en caso de que su construcción sea subterránea, con un nivel de protección de 1 a 3 atmósferas. Si el refugio fuera aéreo, el ancho debería tener un mínimo de 80 centímetros. Las paredes y el techo, que no llevan ningún revestimiento pero que pueden pintarse con cualquier tipo de pintura, también estarían hechos de este material, con varillas de acero que lo recorren por dentro, de manera que queda totalmente compacto y cerrado, como si de una caja de zapatos se tratara. Las varillas están especialmente diseñadas, ya que son las que hacen que sea una caja rígida, con mucha resistencia. Por lo general suele tener un aguante de entre 10.000 y 30.000 kilos por m2. En algunos casos, el poder de resistencia alcanza los 120.000 kilos. Por su parte, las puertas que abrirían y cerrarían herméticamente el refugio no se encuentran en ningún catálogo de fabricante. El gabinete de ingeniería ABQ de Antonio Alcahud las importa directamente de países como Noruega, Suecia o Alemania, donde este tipo de construcciones sí que está bastante extendido. "La puerta -afirma- es el elemento más importante del refugio. Ya puedes contar con los mejores materiales y con el mejor proyecto, que si la puerta no cierra bien el refugio no tiene ningún sentido". Suelen estár hechas de hormigón. Su peso es de dos toneladas, cierre sea hermético, en vez de encajar en el cerco, la puerta es de mayor dimensión. Asís sobresale del hueco y el ajuste se produce mediante burletes de goma. Además, no se encuentran ubicadas al azar. Si una de ellas está situada de forma que el acceso desde la casa es sencillo y lo más rápido posible, la otra tiene salida fuera de la zona de derrumbe del inmueble, libre del área de escombros, para que éstos no puedan impedir la salida.

Dependencias. El suelo, por su parte, puede ser de una capa asfáltica llamada clorocaucho, o de un hormigón especial revestido con capas de epoxi que impide un desgaste progresivo del suelo y una proliferación de polvo. Además, resulta muy fácil de descontaminar.

Un refugio antinuclear suele contar con tres dependencias. La primera es la conocida como zona estanca para la descontaminación del aire. Es la encargada de filtrar todo el aire procedente del exterior para purificarlo y permitir su circulación por el interior. Aquí también se encontrarían los aseos y duchas para que las personas que acceden a él puedan lavarse y desprenderse de todas las ropas con las que han entrado. Como detalle, el espejo del lavabo es metálico, ya que así se evita su rotura por el efecto sísmico de una fuerte explosión. A la izquierda de dicha sala se encontraría una habitación pequeña donde se ubicaría el grupo electrógeno, de unos seis metros cuadrados, donde se aloja un depósito de gasoil de 500 litros, suficientes para 15 días de funcionamiento del grupo, que es el tiempo máximo de duración de los efectos en el exterior de una explosión nuclear. El grupo electrógeno, diesel y refrigerado por aire, está conectado a la vivienda y constituye una fuente de energía propia para la iluminación de la casa y los frigoríficos en caso de avería.

A la derecha del pequeño habitáculo de la entrada se hallaría una amplia sala de unos 30 m2 donde tendrían cabida la cocina, la zona de estar y de dormir. En ella habría un depósito de agua de reserva de 20.000 litros, invisible tras la pared, además del sistema de ventilación y filtrado de aire y presurización del refugio. Este sistema filtra bacterias, virus y aerosoles. Dispone de ultrafiltros, como en los quirófanos, además de filtros de carbono activo contra las armas químicas, que no filtra gases sino que los absorbe. Este sistema mantiene en el interior una presión de entre 5 y 25 milímetros de columna de agua, que impide que el aire contaminado procedente del exterior pueda penetrar en caso de fisura. Al final de esta amplia sala se encontraría otra puerta, algo más pequeña, que sería la salida de emergencia. Resulta muy importante que antes de entrar en una habitación se tenga la seguridad de que no existe otra puerta abierta. Así se evita que el posible aire contaminado pueda circular por el resto de dependencias.

Iluminación. En este tipo de construcciones cobra una especial relevancia la iluminación. Conviene que sea potente para que no pueda dar sensación de claustrofobia. Respecto a la pintura de las paredes, que puede ser de cualquier marca, deberán evitarse los colores muy oscuros para no agobiar a los inquilinos. Es conveniente, por este motivo, utilizar gamas claras y alegres. Respecto a los víveres, los expertos aconsejan almacenar 30 litros de agua (dos cada día) y seis kilos de comida por persona para los 15 días que se deberá permanecer recluido en el peor de los casos.

Joyeros, empresarios, nobles, banqueros, amantes del arte o del coleccionismo en general y científicos suelen ser los principales clientes de estos refugios antinucleares. La razón es bien sencilla: mientras no se utilicen por motivos bélicos o de contaminación atmosférica se les puede dar usos como el de cámara acorazada, librería, gimnasio, squash, bodega, despensa, biblioteca, sala de cine, billar, galería de tiro, local de depuración para la piscina, laboratorio o taller de bricolaje. El ejemplo más claro lo encontramos en el hotel Beatriz de Toledo, que cuenta con un búnker de 600 m2 (uno de los más grandes de España) cuyo uso se ha destinado al de garaje de los huéspedes. Este refugio fue construido en 1982, una época en la que el despliegue de euromisiles causó un cierto revuelo entre la población. El búnker ocupa toda la planta sótano del hotel y contiene las dotaciones necesarias para poder proteger a sus clientes en caso de emergencia. <<